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Tiroides: una pequeña glándula con un gran papel

Si nos tocamos el cuello, justo por debajo de la nuez de Adán, podemos notar una estructura dura y móvil situada delante de la tráquea: es la tiroides, una glándula con forma de mariposa que, a pesar de sus dimensiones reducidas, desempeña un papel extremadamente variado e importante en el organismo. De hecho las hormonas que produce, la tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3), actúan sobre todos los tejidos del cuerpo regulando el metabolismo, el consumo de oxígeno, la producción de proteínas, la sensibilidad a las hormonas, y muchos procesos más. Así, mientras un exceso de actividad de la tiroides (hipertiroidismo) nos hace notar calor, sentir nerviosos y activos, sudar y temblar, una insuficiencia de la glándula (hipotiroidismo) puede hacer notar más el frío, el cansancio, engordar y ralentizar las funciones del cuerpo.

Por su papel tan importante, la tiroides es capaz de solucionar arreglar por si misma pequeñas alteraciones de su función, de forma tal que aunque no funcione perfectamente no causa síntomas clínicamente visibles: hablamos entonces de hipertiroidismo o hipotiroidismo subclínicos.

En estos casos, cuando el organismo necesite una mayor cantidad de hormona, la tiroides puede no ser capaz de producirlas en el grado adecuado; un ejemplo es el embarazo, cuando un hipotiroidismo subclínico puede empeorar hasta afectar a la madre o al feto.

Pero no sólo durante el embarazo es importante el control de la tiroides: estudios realizados en los últimos años han observado que mujeres con hipotiroidismo subclínico son más propensas a padecer de problemas de fertilidad. Son mujeres aparentemente sanas, que no consiguen quedarse embarazadas después de años de tentativas, o sufren de abortos de repetición durante las primeras semanas de gestación.

En este punto, si un hipotiroidismo subclínico no da síntomas visibles, ¿cómo podemos saber que una mujer está afectada o no? Para mantener normales los niveles de T3 y T4 que produce una tiroides poco activa, el organismo tiene que producir más TSH, la hormona que estimula la tiroides; un aumento de TSH en la sangre puede indicar que la tiroides no está funcionando bien. El mayor descubrimiento en relación con la infertilidad ha sido que en mujeres con valores altos de TSH, pero todavía dentro del rango de normalidad, se observaba un mayor número de abortos de repetición y de fallos de implantación. Afortunadamente, buena parte de estos problemas se pueden evitar con un tratamiento que aporte las hormonas que la tiroides no consigue producir, para restablecer un ambiente idóneo al desarrollo de una gestación.

Por ello es muy importante analizar la función tiroidea en todas las mujeres que desean un embarazo, aunque no presenten síntomas clínicamente visibles, con el fin de detectar esos casos de hipotiroidismo subclínico que se pueden tratar para evitar problemas de infertilidad.

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