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la soja y el embarazo

¿Has dejado de tomar leche de vaca y ahora bebes otro tipo de leche? Si quieres quedarte embarazada, ojo con la soja.

En reproducción asistida hemos dado importantes pasos en el estudio de las causas de la infertilidad idiopática -aquella que no responde a un problema o causa específica-. En los últimos años hemos aprendido, entre otros, que con un IMC bajo o alto, con bajo nivel de vitamina D, con hipotiroidismo subclínico -estar en cifras normales para la población general en las hormonas tiroideas pero en la banda baja- o con una inadecuada alimentación que excluya algunos grupos alimenticios, no resulta fácil lograr el embarazo.

En este sentido, a raíz de la campaña de ataque a la leche de vaca orquestada en medios y redes sociales, en FIV Valencia hemos apreciado en consulta un importante incremento de personas que, sin padecer intolerancia a la lactosa o sin que haya una indicación médica concreta, han decidido prescindir de la leche de vaca y derivados, sustituyéndola por leche de soja. Si no puedes tomar leche de vaca, es mejor que tomes leche de avena (solo en caso de hipotiroidismo, no en el de hipertiroidismo) que además combate el colesterol malo y tiene importantes nutrientes.

La soja y sus derivados no solo puede ser desencadenante de hipotiroidismo subclínico y/o tiroiditis de Hashimoto, sino que además impide que se absorba adecuadamente la tiroxina que se da como suplemento para corregir esta deficiencia. Además las isoflavonas (fitoestrógenos) tienen una actuación similar a los estrógenos y en exceso pueden producir alteraciones en las hormonas. En el hombre diversos estudios sugieren que reduce el recuento de espermatozoides, empobrece la calidad del semen y su capacidad reproductora.

En este sentido es importante recordar que la soja no está presente únicamente en brotes, salsa o el tofu. Si leemos la etiqueta de muchos alimentos envasados, incluso carnes frescas, veremos que pagamos un porcentaje del producto que no responde a lo que es (carne, pollo etc) sino soja.

Si comemos muchos alimentos procesados o envasados, seguro que ingerimos mucha más soja o azúcares de lo que podríamos imaginar. Así que hay que leer las etiquetas para saber lo que comemos. Y por supuesto, no dejarnos llevar por modas alimenticias con poco contraste médico.

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