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hombres en la reproduccion asistida

De todos los artículos, estudios, comunicaciones etc., dedicados a la infertilidad, sólo un mínimo porcentaje de ellos se centra en el varón. Los papás son, muchas veces, los grandes olvidados de la reproducción asistida. Se habla de la pareja infértil pero, quizá por ser más complicada de diagnosticar y de tratar y por las incomodidades físicas que se derivan para la mujer de las pruebas y técnicas, es ella quien acapara toda la atención.

Sin embargo, los hombres no sólo contribuyen con sus gametos a la paternidad.  También necesitan sentirse parte del proceso del embarazo y la reproducción. No les hace ninguna gracia sentirse como donantes.

Para los hombres, la paternidad puede  ser percibida como un logro significativo y fuente de identidad masculina.

En ellos el ego masculino y el concepto de virilidad están muy ligados a la fertilidad. Si esta se ve afectada se compromete su autoestima. Su rol tradicional de proveedor se ve dañado y si, además, ve que su mujer sufre y tiene necesidades adicionales en el terreno emocional, donde muchas veces ellos no se sienten especialmente cómodos, tampoco pueden ejercer su rol de protector.

En ocasiones la pareja se ve presionada por el calendario para entablar encuentros sexuales añadiendo un elemento más de disconfort que puede afectar al deseo sexual. Por todo ello, en muchas ocasiones, impotente para solucionar estos problemas pero sin poder alejarse físicamente, el varón toma distancia y se repliega a sus cuarteles de invierno en el ejercicio de su segunda estrategia de afrontamiento favorita, la evitación -cuando no tiene posibilidad  de elegir la primera que es la de la “pelea”-.

No es raro oir en consulta a las pacientes manifestar  expresiones como “Parece que solo tiro yo del carro, el actúa como un convidado de piedra”; “realmente no sé si quiere ser padre, dice que sí pero no se implica”; “ yo me ocupo de todo, me siento sola en esto”, etc. mientras, ellos están a su lado callados e incómodos. Y tampoco son pocas las parejas que o abandonan los tratamientos con sensación de fracaso y lesiones en su relación o directamente se separan porque el hombre decide que no quiere seguir.

El soporte psicológico puede ayudar en gran manera a las parejas que atraviesan por estas situaciones, entendiendo la diferente vivencia y los diferentes estilos de afrontamiento según géneros, actuando de traductor verbalizando las diferentes necesidades de cada uno de manera comprensible para ambos y poniendo en valor sus diferentes aportaciones.

Sin embargo, a pesar de que cada vez un mayor número de centros cuenta con psicólogos especializados en soporte emocional a parejas infértiles, pocos hombres reconocen necesitar o aceptan recibir apoyo emocional. Esto forma parte igualmente del proceso de evitación: ellos no suelen contárselo a nadie, no tienen confidente para estos temas fuera de la pareja, no desean estar hablando del tema continuamente…. Y esto no es indiferencia, es su forma de abordar el problema.

Mientras las mujeres se enfocan más a sus sentimientos y emociones, ellos dirigen su atención a causas y alternativas.

Mientras para ellas hablar del tema resulta liberador, para ellos es más tranquilizador “dejar el tema dormir”, sin abandonarlo,  pero teniéndolo en el congelador y centrándose en el aquí y ahora de sus actividades cotidianas.

Para ellos “estar ahí” ya es toda una declaración de intenciones. Se sienten incomprendidos cuando su mujer les acusa de indiferencia. Y cuando se les pregunta ¿tú realmente que quieres hacer? y dicen “lo que ella quiera” esto suele poner de muy mal humor a sus parejas que sienten que ellas son las responsables de cada decisión, cuando en realidad ellos están contestando a la pregunta. Quiero lo que ella quiera ¿no es una bonita muestra de apoyo, de amor?

Esto no es una competición de quién sufre o pone más. Es un proceso duro y largo en el que lo mejor es ir de la mano y con confianza mutua. Y hay que reconocerles a nuestros compañeros de camino que en algunas cosas tienen razón: la mejor manera de afrontar  el tratamiento es llevándolo en paralelo, es decir, me tengo que pinchar, me pincho, tengo que ir a visita, voy,  pero no se puede en absoluto hacer del tratamiento el centro de la vida.

Nada de no salir ni hacer planes por si acaso… La vida es aquí y ahora, y no empieza cuando se logra el embarazo, este periodo de pre-espera también puede y debe ser disfrutado. Y esta será la manera de llevar mejor tanto por hombres como por mujeres el largo camino de la maternidad y la paternidad.

Amalia Bayonas, psicóloga de FIV Valencia.

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