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Fecundación in Vitro e Icsi ¿Qué es mejor ? – Resumen de la charla del dr. Dolz

La fecundación in vitro consiste en la fecundación de un óvulo fuera del organismo de la mujer con la finalidad de transferirle un embrión que les permita ser padres. Surgió para dar respuesta aquellas mujeres que tenían obstrucciones en las trompas de Falopio, y que en los años siguientes se ampliaron sus indicaciones a las parejas con problemas como la endometriosis, factor masculino moderado y cuando fallaba la inseminación artificial.

La ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoides) apareció casi como un error, y ha supuesto una revolución en el campo de la reproducción asistida, ya que, con ella se solucionan prácticamente la totalidad de los casos que afectan al varón aunque se traten de casos severos (criptozoospermias, oligoastenoteratozoospermias severas, biopsias de testículo…)

Tabla: Ciclos de FIV e ICSI durante años 2009-2010 en FIV VALENCIA

tabla comparativa entre FIV y FIV

Se estima que el 40% de las parejas son estériles debido a un factor masculino y de éstos el 15% de ellos son casos severos. De estos datos se deduce que en realidad sólo se deberían realizar un 15% de ICSI frente al 85% restante que se debería tratar mediante fecundación in vitro clásica (FIV). Sin embargo, en España y otros países, el 80% de los tratamientos de fecundación in vitro se realizan mediante la ICSI y un 20 % mediante la FIV clásica (1).

¿Qué motivo ha llevado a los biólogos a generalizar el uso de la ICSI? ¿Mejora la tasa de fecundación?¿obtiene más embarazos?¿Miedo al fallo de fecundación con la FIV tradicional? Probablemente todos y ninguno han sido los responsables de este hecho.

Un entrenamiento adecuado y la seguridad que transmite el introducir el espermatozoide en el interior del óvulo con la intención de asegurar la fecundación han conducido a que la ICSI sea la técnica predominante en la actualidad.

Pero ¿Realmente es mejor? A la vista de los resultados de la tabla I las tasas de fecundación sobre ovocitos obtenidos son superiores en la FIV; al igual que el número de embriones de buena calidad. Es de destacar que la mayor parte de los procedimientos (60%) se realizaron mediante FIV clásica y que los fallos de fecundación fueron excepcionales con ambas técnicas.

Hay estudios que demuestran la no superioridad de la ICSI sobre el FIV (2) en cuanto a tasa de embarazo y partos por ciclo iniciado. Sin embargo, una revisión Cochrane de 2004 puso en evidencia una tasa de fecundación en la FIV superior a la ICSI en aquellas parejas en las que el origen de la esterilidad no era masculina (3).

Otros grupos no sólo encuentran resultados similares entre ambas técnicas, sino que en el grupo de mujeres mayores de 36 años las pacientes tratadas mediante FIV clásica mostraron significativamente mejores tasas de embarazo, de implantación y de parto por ciclo iniciado que aquellas en las que se realizó ICSI(4).

Una explicación a este hecho se basa en que debido a que la calidad ovocitaria empeora conforme aumenta la edad, el óvulo ve mermada sus reservas, potencial y capacidad de regeneración. Toda agresión al ovocito puede ser perjudicial para su evolución posterior y por lo tanto para el embrión resultante en caso de que fecunde.

La ICSI supone una exposición a ambientes, procesos mecánicos y químicos claramente más agresivos que la FIV. La selección natural de la fecundación normal se pasa por alto al elegir el biólogo el espermatozoide. Durante el procedimiento el uso de hialuronidasa para eliminar las células del cúmulus, el proceso mecánico del pelado mediante la pipeta, así como el uso de PVP en la microinyección representa un estrés y efectos adversos contra el ovocito. Todo este proceso puede ser crucial en los ovocitos de mujeres mayores que serían más sensibles, como así describen algunos autores (4).

Por otro lado, hay que tener en cuenta otros aspectos negativos de la ICSI, como es un incremento en el número de alteraciones cromosómicas autosómicas de novo y posibles desordenes que pueden afectar al imprinting genómico comparadas con la FIV clásica (4,5).

No obtener mejores resultados con la ICSI en general, ni mejores tasas de fecundación, ni más embarazos y teniendo en cuenta los posibles efectos no deseados asociados a ésta técnica, hacen que debamos replantearnos el uso de la FIV como una técnica tan efectiva como la ICSI y estamos obligados a situarla en el lugar que nunca debió perder.

Para evitar lo más temido en un laboratorio de embriología, el fallo de fecundación, es fundamental tener presente lo siguiente: una capacitación adecuada de la muestra de semen estableciendo un límite por encima de 3 millones de espermatozoide con motilidad tipo A+B y una indicación precisa de la técnica teniendo en cuenta los ciclos previos, embarazos anteriores y diagnósticos exactos. Todo esto permite obtener unos resultados adecuados incluso superiores a la ICSI en aquellos casos en los que la indicación no fuera un factor masculino severo.

Ambas técnicas tienen como objetivo conseguir la fecundación de los gametos; la ICSI empieza donde termina la FIV.

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