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Desde el nacimiento de Louise Brown en 1978, la fecundación in vitro se ha difundido por todo el mundo y ha dado lugar al nacimiento de miles de niños. El origen de la técnica consistió en inseminar un óvulo con una cantidad determinada de espermatozoides en espera de que uno de ellos, posiblemente el mejor, llegara a fecundarlo.

Posteriormente, apareció otra técnica: la ICSI (microinyección intracitoplasmática de espermatozoides) que fue el fruto de un error en el que en lugar de introducir un espermatozoide bajo una de las envolturas del óvulo, se introdujo directamente en el interior del mismo. La sorpresa al día siguiente fue que el óvulo estaba perfectamente fecundado.

La ICSI ha revolucionado los laboratorios de reproducción asistida y se ha convertido en herramienta indispensable para cualquier centro de reproducción. La posibilidad de conseguir la fecundación de un óvulo con un único espermatozoide, ha hecho que prácticamente se puedan solucionar casi todos los casos de factor masculino por muy severos que fueran.

La mayoría de centros utilizan de forma generalizada la ICSI (80% vs 20% según los datos publicados por la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Aparentemente, la FIV clásica parece más “natural”, en la que un espermatozoide de entre miles tiene que fecundar el óvulo. Por el contrario, en la ICSI el óvulo es sometido a un mayor número de procesos, que aunque muy controlados y estandarizados no dejan de ser agresivos. No obstante, para el biólogo parece más “seguro” inyectar un espermatozoide en el interior del óvulo, que esperar a que éste penetre en el interior por si mismo.

El temido fallo de fecundación no ocurre en la FIV clásica en un porcentaje mayor que en la microinyección. Esto se evita con una adecuada valoración de la pareja teniendo en cuenta las causas de la infertilidad, antecedentes de embarazos previos y un estudio riguroso del semen, que son los aspectos fundamentales que nos deben dirigir hacia una u otra técnica.

El diagnóstico de un factor masculino no es indicación de ICSI. Sólo en los casos más severos en los que no podamos recuperar tras una capacitación más de 2 millones con buena movilidad serían los destinados a la microinyección. Esto supondría un 20 % de los casos como máximo.

Respecto a la efectividad de las técnicas, ambas son igual de efectivas. Teniendo en cuenta las premisas anteriores nuestros resultados en cuanto a las tasas de fecundación que se obtiene con la FIV clásica y la ICSI en nuestro centro son 76% y 78% respectivamente. De igual manera tienen una tasa de gestación muy parecida.

La probabilidad de conseguir un embarazo depende más de la edad y calidad de los óvulos que de la forma como lleguen éstos a fecundarse. Sin embargo, según algunas publicaciones los resultados son mejores mediante FIV sobretodo en pacientes mayores de 35 años.

La práctica habitual en el último año y medio en FIV Valencia ha consistido en potenciar el uso de la FIV en los casos de factor masculino leve y moderado y sobretodo en las pacientes más mayores. Los resultados son muy esperanzadores, ya que se ha traducido en un incremento en casi un 14% en los resultados globales de la clínica. Actualmente, en nuestro centro un 70% de las parejas son tratadas con la FIV clásica, mientras que el resto (30%) queda reservado a la ICSI. Además, éstos resultados, como era lógico esperar, no se han acompañado de un aumento de los fallos de fecundación.

Las dos técnicas conllevan la manipulación los gametos de forma artificial que en el mejor de los casos dará lugar al nacimiento de un niño sano. El seguimiento de estos niños revela que se trata de técnicas seguras, aunque en un “pequeñísimo” porcentaje, parece que con el uso de la ICSI hay un incremento en el número de alteraciones cromosómicas.

En resumen, hay tres aspectos importantes de estas técnicas que se deben tener en cuenta cuando se decide utilizar una u otra técnica:

1.-Tanto la FIV clásica como la ICSI obtienen las mismas tasas de fecundación y embarazo.

2.-Los resultados son mejores con la FIV a partir de los 35 años.

3.-Con la FIV se obtienen menor número de alteraciones cromosómicas en los embriones obtenidos.

Todo ello nos debe hacer recapacitar y volver a confiar en la FIV clásica como técnica eficaz, segura y más inocua que la ICSI.

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