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Bienestar Emocional

Los tratamientos de reproducción asistida se asemejan a una carrera de obstáculos en la que hay que ir superando etapa a etapa sin desfondarse. Los sobrellevarán mejor aquellas personas que tengan la resistencia de un corredor de fondo, que sean capaces de seguir con su vida sin hacer del tratamiento el centro de su existencia, manteniendo al mismo tiempo el optimismo y el pensamiento positivo.

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Pero dentro de que cada etapa tiene su dificultad, hay una que es especialmente difícil a nivel emocional y son los días que van desde la transferencia hasta que se realiza la prueba de embarazo. Durante la primera mitad del ciclo uno tiene la sensación de que puede hacer algo y se está contribuyendo a lograr el objetivo propuesto: hay que pincharse, acudir a las visitas para seguir los progresos… Además estamos más en contacto con el centro y su personal y se tiene el horizonte de la transferencia. Pero después de ésta entramos en un “agujero negro” de inactividad, espera y soledad que se lleva muy mal.

Solemos caer entonces presas de emociones tanto positivas como la esperanza, las altas expectativas o la euforia como negativas como la impaciencia, el temor al fracaso y la irritación por impotencia e incertidumbre. Todo ello nos genera ansiedad y disconfort, que no nos ayudan en nada a llegar a nuestra meta.

¿Cómo podemos sobrellevar estos días, manteniendo la serenidad y la moral alta? Lo primero es cambiar el chip. Generalmente calificamos internamente el periodo que dura el tratamiento y más especialmente estos días, como un trámite penoso por el que hay que pasar y del que conviene olvidarse cuanto antes. Sin embargo también podríamos considerarlo como un periodo de pre-espera o de preparación para el embarazo del que podemos extraer no solo enseñanzas sino también beneficios para el resto de nuestra vida. Si aprovechamos este tiempo para darle protagonismo a lo importante, para cuidarnos física y mentalmente y gestionar nuestras emociones de una manera eficaz no solo nos sentiremos mejor sino que saldremos reforzadas de esta etapa. Aquí van algunas sugerencias para lograrlo.

1.- Estamos en un momento de repliegue al interior, pleno de pensamientos, esperanzas y emociones ¡Escríbelas!, inicia el dialogo con tu futuro hijo y ve anotando tus sentimientos, las ganas que tienes de que llegue, los pasos que das para conseguirlo, el diario de la pre- espera…
A los niños les encanta que luego les leas “el cuento de cuando yo nací

2.- Tu cuerpo y tu persona entera está en situación de reto y exigencia (medicación, punción, embarazo posterior…) ¡Mímate!, date recompensas. Planifica una actividad placentera diaria, algo especial para cada dia: ver una película divertida, crear algo con tus manos, ir a un buen salón de belleza, hacer una quedada de amigas… lo que te apetezca.

3.- Practica la serenidad interior. Es buen momento para hacer meditación, relajación , yoga… cualquier ejercicio que reduzca la ansiedad y aumente la conciencia corporal

4.- Controla tus pensamientos. Las cosas son como son y no tenemos garantías de lo que va a ocurrir. Ni nos suman puntos los intentos anteriores ni el que antes haya ido mal significa que tenga que volver a ocurrir. En cada intento empezamos de nuevo para bien y para mal. Así que intenta no interpretar pistas y concéntrate en la esperanza.
Elige mantras o pensamientos positivos que te ayuden a sentirte bien, cosas como Hoy voy a disfrutar de mi día; No voy a estresarme por cosas sin importancia; Voy a mantenerme firme en la esperanza y el optimismo…

5.- Hazte ilusiones. No sirve de nada decirse “prefiero no contar con ello y así la decepción es menor”. Si nos ponemos en pié de espera nuestro cerebro lanzará las órdenes necesarias para preparar el nido. Y además no podrás evitar del todo ilusionarte, por lo que no sirve de nada y atenúas los efectos positivos del optimismo. No hay que temer la desilusión, seguro que tienes recursos y fuerzas para afrontarla si se diera el caso. Y sobre todo, combate el miedo con la certeza interior de que algún día vas a ser madre.

6.- Cuando vayas a hacerte la prueba no te lo plantees en términos absolutos ¿voy a ser madre o no lo voy a ser? Plantéate solo si va a ser en este ciclo o en otro.

7.- Sigue con tu vida normal. Normalidad con tranquilidad es la consigna. Cualquier cosa que no puedas hacer ya te lo dirá tu médico o las enfermeras que controlan tu estado tras el transfer. No hace falta que hagas reposo, más bien estar demasiado quieta en contraproducente porque hay menos irrigación y por tanto menos receptividad uterina. Eso sí, evita esfuerzos fuertes y no te canses demasiado , pero caminar, moverse un poco es muy bueno. Te distrae, aumenta tu tono vital y te ayuda a liberar endorfinas.

Algunas de estas ideas te ayudarán y seguro que tu encuentras otras muchas que también lo hagan. Si sigues estas recomendaciones estos días se convertirán en un periodo agradable y la espera se hará mucho más corta.

 

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