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Las técnicas de reproducción asistida nos permiten cada día con más eficacia realizar el sueño de vivir un embarazo y tener hijos, un sueño a menudo postergado por años de intentos naturales que no consiguen alcanzar una gestación evolutiva. Por ello es más fuerte la desilusión cuando tras un test de embarazo positivo, una mujer pierde su gestación tras pocas semanas de desarrollo.

El aborto durante las primeras 12 semanas de embarazo, llamado aborto precoz, es relativamente frecuente, presentándose en un 20% de todos los embarazos, hasta en mujeres que no presentan ningún problema de fertilidad; no obstante, hay mujeres que sufren abortos precoces de forma repetida, y que no consiguen que un embarazo llegue a término. Las causas pueden ser múltiples, desde factores relacionados con el útero hasta problemas de coagulación o trastornos del sistema inmunitario.

Nuestro sistema inmunitario está compuesto por células que trabajan en conjunto para eliminar todo lo que entra en el cuerpo y no se reconoce como parte de nuestro organismo; y como todos los mecanismos complejos, a veces falla.

En el caso del embrión, el cuerpo tiene que adaptar su respuesta inmunitaria para tolerar esa nueva vida que está creciendo dentro del útero y no atacarla mediante las células encargadas de la defensa, los linfocitos. Entre estos encontramos las llamadas Natural Killer (NK), que tienen la capacidad de destruir otros organismos que no se reconocen como parte del cuerpo de la mujer. Estas células, fundamentales no sólo para las defensas del organismo sino también para el correcto desarrollo del embarazo, a veces pueden responder de forma exagerada y descontrolada y agredir el embrión no reconociéndolo como propio.

Desde hace solo una decena de años se ha focalizado la atención del mundo de la reproducción asistida sobre el papel que las células NK pueden desempeñar en abortos de embarazos de pocas semanas de evolución; numerosos estudios han evidenciado que mujeres con una cantidad de células NK anormalmente elevada en la sangre, tienen una posibilidad muy alta de sufrir abortos precoces de repetición. Las pacientes que tienen mayor riesgo de padecer este problema son las que presentan trastornos evidentes del sistema inmunitario (por ejemplo lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide, vasculitis, etc…), aunque también mujeres clínicamente sanas pueden tener una alteración de las células NK sin que haya ninguna repercusión sobre su estado general de salud y ponerse solamente de manifiesto con analíticas específicas tras una serie de abortos espontáneos.

Obviamente tras tales descubrimientos los esfuerzos terapéuticos se han centrado sobre reducir esta respuesta inmunitaria aberrante, sin afectar la salud de la mujer ni del feto. Se han intentado numerosos tratamientos con medios diferentes, fármacos muy caros, suplementos alimentarios, moduladores del sistema inmunitario, con algunos resultados decepcionantes y también con varios éxitos que han permitido a mujeres que solían sufrir abortos ya en las primeras semanas de embarazo, llegar al nacimiento de un hijo sano.

Hoy dia están todavía en marcha numerosos estudios sobre el control del sistema inmunitario, con resultados prometedores para solucionar el problema de fallos de implantación y abortos de repetición, relacionado con una respuesta excesiva de los linfocitos Natural Killer.

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